cristina francov

Según algunos, todos los humanos nos enfermamos a través de la vida y nuestra misión es descubrir y sanar todo aquello que ha sido dañado. A menudo pienso que nací enferma. Desde entonces me he caracterizado por tener una muy débil conexión con lo que algunos aceptan como la verdad, el mundo "real". Y he estado creyendo todos estos años que pensar de forma peculiar, transitar por caminos inusuales - entre muchas otras cosas - podrían ser formas para llegar a mis fuentes de sanación.

Mi trabajo empezó como una extensión terrena de los sueños. Quería que el exquisito contexto en el que se desarrollaban fuera, de algún modo, saboreado por los sentidos, más allá de sólo mi propia imaginación. Creciendo, me di cuenta de que los sueños efectivamente parpadeaban pequeñas partículas centrífugas de mi persona, el universo y que todo aquello iba a parar hacia algo simbólico, abierto a conclusiones personales acaecidas de hechos pequeños, a menudo imperceptibles en mí misma y en la humanidad en general. Casi como un juego críptico de preguntas y respuestas.

Asumí pues, que los sueños y las manifestaciones simbólicas eran mensajes en código, que traducidos en imágenes podrían construir un obvio, mas no simple vínculo directo al ánima y espíritu de mis espectadores (y de mí misma). Trabajé en mis sueños como trabaje en mí. Entrené mi mano y la uní a mi mente mientras trataba de levantar las cadenas de la razón y el sentido; actos contrarios que esperaba algún día pudiesen enseñarme una forma de volver perceptible todo aquello que flotaba en una forma más bien etérea y cosmogónica.

Sugerí que si reinterpretaba los símbolos más sustanciales del inconsciente, podría estar descifrando una nueva forma de reconocimiento cósmico y control elemental; o incluso estaría llevando mis capacidades de interpretación a un nivel excitantemente diferente. Figuré, como muchos otros lo han mencionado en sus propias experiencias, que vivía cuando soñaba y soñaba cuando vivía.

Y de pronto todo era ambiciosamente no-natural.

Ahora no estoy segura de nada más que de una cosa: este trabajo es una vibrante reflexión acerca de una y otras vidas dentro de mí, que también tienen el potencial de representar para el espectador un reflejo impactante y al mismo tiempo revelador. Es un portal atemporal de lo que fue, es y posiblemente será. Hablo con mi versión de la vida y dejo que ésta fluya sola. Traduzco lo que veo pero también busco narrar y capturar aquello que no he logrado entender; con la esperanza de que algún día todo tenga sentido.

La Magia de la Vida es obvia y manifiesta cuando existes dentro de su Naturaleza, su Orden y Semblante. No es para llevarse sin equilibrio ni fe, la magia de estas imágenes vive latente como la magia en la vida real y puede ser percibida sólo por aquellos con los sentidos abiertos a observarla, creerla y vivirla.

No sé aún si me estoy curando, sin embargo me parece adecuado seguir viendo las cosas de forma distinta.

Cristina Francov, 2012.

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